jueves, 19 de mayo de 2016

El viaje hacía el esclavismo



El fin del muro que separa ambos países en la zona más occidental de la frontera en la playa entre San Diego y Tijuana. Desde este punto es posible conversar con amigos y familiares al otro lado aunque no cruzar la valla.

De seguir así, posiblemente, la cuarta generación latina seguirá obedeciendo el sistema de esclavismo moderno irrespetuoso de la vida humana.


Escrito por: Ronnie Huete S.
Periodista y activista de DDHH.

California, 19 de mayo de 2016.  El costo de vivir fuera como exiliado económico, político, o cualquier otro atropello que haya obligado al ser humano, a salir de su tierra, se paga con la muerte.

A una hora  de recorrido desde Orage County, en California se puede llegar hasta la ciudad fronteriza de Tijuana.

Tijuana, es un puente de inmigración, cuya tierra es visitada por algunos estadounidenses amantes de la divagación y perversión hedonista.

Son muchos los muertos que se reportan a diario, en las instituciones que intentan salvaguardar la vida de los seres humanos que huyen de los países de Latinoamérica.

Latinos que huyen de sus tierras, como resultado del efecto colateral de las políticas inhumanas del consenso de Washington, y que mantienen bajo intervención extrema algunas naciones latinoamericanas.  

La delincuencia, la asfixia por inmersión en las aguas del rio bravo,
Insolación, o el asesinato que provocan los agentes estadounidenses migratorios, son algunas de las circunstancias en que mueren estos ciudadanos del mundo.

Sin embargo, las estadísticas de muerte se pueden percibir en distintos medios de comunicación, ya sea bajo un enfoque sensacionalista o amarillista, pero alejados de la humanidad.

No obstante, la vida que les espera a los inmigrantes que logran pasar la frontera con vida o con todos los órganos de su cuerpo completos, no es conocida en  su totalidad.

Los rostros en Washington D.C. hablan de la creciente migración que se observa en sus principales avenidas, autobuses y lugares públicos en donde convergen poblaciones que van desde Etiopia, Latinoamérica, china, entre otras naciones.

En California, la inmigración es utilizada como un vehículo que viola los derechos humanos de las personas que trabajan en este Estado.

Sin ningún derecho laboral, percibiendo 10 dólares la hora, realizando labores extenuantes, que convocan al esclavismo moderno de este siglo XXI, es la tortura laboral que atraviesa la población a la que mal llaman “indocumentada”.

Población que desarrolla el trabajo de la agricultura, construcción, entre otras áreas que mantienen funcionando la máquina de producción capitalista, de este país norteamericano.

La descendiente economía, que sitúa a Estados Unidos, como una potencia económica, es sustentada en gran parte por la mano de obra barata que los inmigrantes latinoamericanos, ofrecen en este país.

Aunque esta contribución, no es tomada en cuenta por la burocracia gubernamental, quien se encarga de oscurecer la vida digna de los inmigrantes en los Estados Unidos, la tercera generación de latinos sigue esta herencia de tortura laboral.

Las políticas del sociópata estadounidense de origen Irlandés, Donald Trump, ha venido a develar la verdadera cara que ha mantenido oculta la sociedad blanca estadounidense para con los latinoamericanos.

La eterna funcionaria del departamento de Estado de Estados Unidos, Hillary Clinton, devela su hipocresía y se muestra interesada en las grandes poblaciones de inmigrantes, pero su demagogia es comprobada en sus acciones intervencionistas, que ha tenido participación en distintos países del mundo.

Este panorama desalentador, debe ser una bandera de lucha pro respeto a los derechos humanos de los ciudadanos del mundo que cohabitan en Estado Unidos.


La organización levantada, bajo la bandera de la humanidad y el amor al prójimo, puede ser la bandera de lucha persistente entre los inmigrantes, puesto que de lo contrario, la cuarta generación seguirá obedeciendo el sistema de esclavismo moderno irrespetuoso de la vida humana.



   

   





   


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